A mediados del siglo XVI (16), las peregrinaciones al Tepeyac marcaron el inicio de una devoción que transformaría México para siempre. Este culto a la Guadalupana nació de la fusión única entre tradiciones y peregrinaciones indígenas y españolas, creando el primer gran símbolo de identidad mestiza del país.
Un Santuario que Unió Dos Mundos
A mediados del siglo XVI (16), la ermita del Tepeyac ya era un imán espiritual en la Nueva España (nombre del México colonial). ¿Qué hacía único este lugar? Atraía tanto a indígenas que ofrendaban con danzas —herencia de rituales prehispánicos a dioses como Tonantzin— como a españoles que buscaban milagros, similar a sus santuarios en España (Atocha para madrileños o Montserrat para catalanes).
Los franciscanos veían con recelo esta fusión, temiendo un sincretismo religioso. Pero el pueblo impuso su devoción: ricos mineros como Alonso de Villaseca financiaron misas y obras, mientras indígenas de Azcapotzalco aportaron mano de obra para construir la ermita. Este crisol de fe transformó el Tepeyac en el primer gran símbolo de identidad mestiza de México, un fenómeno que hoy puedes explorar en el Museo de la Basílica de Guadalupe.
Rituales y Peregrinaciones: Fe en Movimiento
El culto a la Guadalupana se vivía con intensidad física y espiritual. Peregrinos de toda Nueva España —desde indígenas hasta nobles— llegaban al Tepeyac cargando promesas, enfermedades y esperanzas.
Peregrinaciones Nocturnas al Tepeyac
En luna llena, grupos caminaban desde la Ciudad de México hasta la ermita (8 km ida y vuelta en una noche). En 1557, testigos relataron una peregrinación que salió a las 10 PM por la calle San Francisco (hoy Madero), encontrándose con otros devotos en el camino.
Sacrificios y Exvotos del Culto Guadalupano
Los rituales del culto a la Guadalupana incluían intensos sacrificios corporales. Muchos avanzaban descalzos o de rodillas desde la entrada hasta el altar. Las mujeres, «de cualquier condición social», llevaban bordones (bastones) como apoyo.
Los enfermos graves eran llevados en camas durante las peregrinaciones. Si sanaban, donaban exvotos de plata con formas de órganos curados (manos, piernas), colgados cerca de la imagen. Un grabado de 1615 muestra estos objetos hoy desaparecidos.
Anécdota de la vida cotidiana: En 1557, los dueños de la posada de los Terrazas organizaron una peregrinación nocturna al Tepeyac. Mientras estaban ausentes en su viaje religioso, ocurrió un asesinato en la ciudad. Durante la investigación del crimen, Andrea Ramírez declaró como testigo y reveló que ella también había realizado el viaje al Tepeyac esa misma noche, pero por separado: viajó sola con sus hijos para pedir por la salud de una hija enferma. Este testimonio muestra cómo las peregrinaciones nocturnas eran tan comunes y seguras que incluso una mujer se atrevía a hacer el recorrido sola con menores.
Consejo para viajeros: Hoy puedes revivir este espíritu en la Antigua Basílica de Guadalupe, donde aún se conserva la atmósfera de recogimiento.
La Ermita del Tepeyac: De Adobe a Símbolo
La humilde capilla de adobe construida por franciscanos en 1531 evolucionó hacia un santuario majestuoso, reflejando el auge del culto a la Guadalupana. Tres etapas marcaron su transformación:
Ermita de Montúfar (1561)
- Construida con limosnas y mano de obra indígena de Azcapotzalco.
- Materiales básicos: adobe, una sola nave, techo de paja.
- Aunque modesta, albergaba tesoros como lámparas de plata donadas por el minero Villaseca.
El Boom Barroco (1600-1622)
Ante el aumento de peregrinos y la expansión del culto a la Guadalupana, se inició un nuevo templo. El arzobispo Pérez de la Serna financió obras vendiendo estampas indulgenciadas (¡40 días de perdón por comprarlas!).
Características del nuevo santuario:
- Costo final: 50,000 pesos (equivalente a 10 palacios virreinales).
- Torres gemelas flanqueando la entrada.
- Artesonado de madera con 60 lámparas de plata.
- Retablo dorado donde la imagen se guardaba bajo llave.
Dato curioso: Piratas ingleses como Miles Philips (1568) quedaron asombrados por su «magnífica iglesia» llena de plata. Hoy, vestigios de esta estructura sobreviven en la Capilla del Cerrito.
Secretos de la Imagen Guadalupana
La pintura original —hoy en la Nueva Basílica de Guadalupe— fue objeto de misteriosas intervenciones que reflejan la evolución del culto a la Guadalupana:
Los querubines «borrados»: Hacia 1615, alguien añadió 16 querubines alados y nubes alrededor de la Virgen (visible en grabados de la época). ¿Motivo? Quizá «europeizar» la imagen vinculándola a la Asunción (festividad compartida con Guadalupe el 8 de septiembre).
Regreso al origen: Antes de 1648, se eliminaron los ángeles y se repintó la mandorla (aura dorada original). Francisco de Florencia atribuyó el cambio al «desgaste», pero expertos como David Brading sugieren presiones por mantener la identidad indígena del culto.
Huella indígena: En 1620, monjas clarisas registraron leyendas locales: la Virgen de Guadalupe se habría aparecido a un indígena pidiéndole su tilma para «medírsela de pies a cabeza». Esta versión prefigura el relato oficial de Juan Diego.
El Museo de la Basílica de Guadalupe exhibe copias antiguas con querubines que documentan esta evolución visual del culto a la Guadalupana.
Economía y Controversias del Culto
El santuario no solo movía almas: era un poder económico con sombras. Los ingresos anuales en 1570 alcanzaban 7,000-8,000 pesos de limosnas y donativos, más 100 pesos de intereses de préstamos a mineros.
Escándalos destacados:
- Desvío de fondos: El arzobispo Montúfar (1554-1572) fue acusado de recoger limosnas semanalmente para financiar sus minas de plata.
- «Plata milagrosa»: En 1560, obligó a mineros de Taxco a donar plata procesada con azogue «para la ermita», pero la mayoría nunca llegó.
Su sucesor, Moya de Contreras, destinó excedentes a dotes para huérfanas, restaurando la transparencia en el manejo de las peregrinaciones y donaciones.
Las «Estaciones del Rosario» a lo largo de la Calzada de Guadalupe (construidas en 1670) aún guían a peregrinos como legado tangible de esta época.
Conclusión: Un Viaje al Corazón de México
La ermita del Tepeyac fue más que un templo: fue crisol donde se fundieron dolores, rebeliones y esperanzas de un pueblo. Las peregrinaciones al Tepeyac y el culto a la Guadalupana crearon la primera gran manifestación de identidad mestiza mexicana.
Hoy, al caminar por la Villa de Guadalupe, pisas el mismo suelo donde indígenas ofrendaban danzas, piratas admiraban lámparas de plata y mujeres como Andrea Ramírez pedían por sus hijos.
¿Listo para explorar?
- Ruta recomendada: Sigue la antigua calzada desde Tlatelolco hasta el Tepeyac.









